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 No es que la Villa de Quer sea exactamente un lugar turístico, pero sí es cierto que hay varios rincones que merecen el paseo y que resultan ciertamente interesantes, cada uno por un motivo bien diferente. Tras la reconquista de la zona de la Baja Campiña por Alvar Fáñez de Minaya, a finales del siglo XI Quer fue incluido en la Tierra y Común de Guadalajara. Cuenta la tradición que en este pueblo se quedó a vivir algunas temporadas el conquistador burgalés, y que incluso tenía terrenos de cultivo, llamándose todavía “los olivos de Alvaráñez” a un pedazo del término. Es Quer una villa en la que destacan los buenos edificios hechos con mortero de piedras ,cal, barro y adobe, y escasos entramados de madera. También se usa el ladrillo, y en cambio la piedra en muy poca cantidad.


Además varios ejemplos de casonas alcarreñas, en Quer merece la pena subirse hasta el parque nuevo de la Dehesa Alta para admirar la Campiña, que, en función de las épocas del año adquiere unos tonos verdaderamente llamativos, pero por destacar dos edificios de una singularidad particular, quizá debiéramos destacar el más viejo, y el más nuevo.

 

 

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La iglesia parroquial de Nuestra Señora la Blanca está también construida a base exclusivamente de ladrillo y mampuesto de piedras rodadas. Su aspecto es muy interesante y se encuentra hoy perfectamente restaurada. Se trata de una obra del siglo XVI, construida entre 1571 y 1575 por los maestros canteros de Guadalajara Pedro Medinilla y Juan Ballesteros. La puerta que se abre bajo el atrio, al sur, presenta una magnífica guarnición de clavos y alguazas de la misma época. Tiene alta torre rematada en chapitel. El interior es de dos naves, con pilares centrales. Su planta es de cruz latina, con crucero poco acusado, y presbiterio. En él destacan un escudo de caballero santiaguista de la familia de Cisneros; la magnífica talla del Cristo de la Misericordia; talla policromada del siglo XVII. Recientemente, en el pórtico de la Iglesia fue instalada una estatua del Papa Juan Pablo II, cuya efigie da actualmente nombre a la Plaza.

 

 

 

primiliar-2.jpgEl Ayuntamiento de Quer inició en 2007 la construcción de un  edificio en la misma puerta de la Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) para albergar la cría y con ella la recuperación de una especie de ave rapaz que pobló abundantemente de un límpido azul la estepa cerealista alcarreña hace no mucho tiempo, el cernícalo primilla. Ahora, desafortunadamente, no tanto. Con este fin el Consistorio dio a mediados del año pasado los primeros pasos en el proyecto de un primillar, que así es como le llaman a la instalación los técnicos de medioambiente. Dicho y hecho. En diciembre comenzó su construcción. La elegante silueta de su torre ecológica se eleva ahora por detrás del polígono industrial, como una puerta abierta a la naturaleza y al respeto por el entorno. El proyecto cuenta con el apoyo técnico de GREFA (Grupo de Rehabilitación de la Fauna Autóctona y su Hábitat). Esta ONG inició en 1992 un programa de cría en cautividad que tiene ya más de 15 años de experiencia, y bajo la tutela de su sapiencia naturalista se ha planificado el nuevo edificio y pautado la repoblación.
El Primillar de Quer consta de un edificio central y un muro perimetral que deja un patio interior. Tanto en la edificación central como en el muro se van a colocar nidos diseñados y construidos con las condiciones idóneas para permitir la reproducción y supervivencia del cernícalo primilla. El diámetro de entrada de cada orificio de acceso está calculado al milímetro para impedir la penetración de especies predadoras o competidoras como la paloma o la grajilla. Los nidos se han colocado en varias alturas sobre el muro y el cuerpo central al que protege, y también en el tejado, gracias a un tipo especial de teja nido, desde la que las aves también tienen acceso a los espacios creados para su reproducción. La construcción ocupa un cuadrado de ocho por ocho metros, con una edificación interior de torre, también cuadrada y de algo menos de 4.5 metros de lado cubierta a cuatro aguas. La atalaya de tres plantas -baja mas dos alturas- contiene en sus entrañas una escalera desde la que los técnicos pueden acceder a los nidos que se ubican tanto en la cubierta como en los muros. En total el edificio puede albergar más de 50 nidos. Los límites del primillar coinciden con los de la ZEPA, y desde ella se divisa una panorámica inmejorable de la extensión cerealista.